El queso fresco blanco es un tipo de queso que se caracteriza por su textura suave y cremosa, su sabor delicado y ligeramente ácido. Este queso se elabora sin maduración, por lo que se consume casi inmediatamente después de su producción. Su color blanco es uniforme y su consistencia varía según el tipo de leche utilizada, siendo comúnmente de vaca, cabra o oveja. El queso fresco blanco es muy popular en diversas cocinas, especialmente en la mediterránea, donde se utiliza en ensaladas, sopas, sándwiches o como acompañamiento de frutas y verduras.
Desde el punto de vista nutricional, el queso fresco blanco es una buena fuente de proteínas de alta calidad, calcio, vitamina A y ácidos grasos esenciales. Aporta una cantidad moderada de grasa y sal, por lo que debe consumirse con moderación, especialmente para quienes deben cuidar su ingesta de sodio o grasas saturadas. También es bajo en lactosa, lo que lo hace más tolerable para algunas personas con intolerancia a la lactosa.
Este queso se consume durante todo el año, aunque es especialmente popular en climas cálidos debido a su frescura. Su vida útil es corta, por lo que es mejor consumirlo dentro de una o dos semanas de su fabricación, manteniéndolo refrigerado.